alterfines

A sus 87 años, mi padre está escribiendo sus memorias. Ah, y añadiendo a diario entradas a su ya de por sí extensísimo diccionario para crucigramistas expertos. Todo ello en un viejo eMac que le regalé para que sustituyera otro ordenador, de los de la manzanita, aún más viejo.

Porque, mientras que los de mediana edad –los adolescentes son otra historia, y lo sé porque lo vivo en casa a diario– nos peleamos con frecuencia con las nuevas tecnologías, él, como si hubiese manejado teclados y ratones toda su vida, anda poniendo al día su particular memoria histórica. Que nadie se atreva a decirme que no tiene mérito…

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